Un beso. Creo que es todo lo que necesito para sentirme otra vez viva, con fuerza para hacer cosas que no logro hacer. Un beso es la única salvación que tengo, pero no puede ser cualquier beso. Debe ser uno buscado, y constantemente pedido, quiero sentirme deseada, quiero sentir que alguien se interesa en mi, quiero volver a saber que se siente ser amada con toda el alma, si es que alguna vez lo supe. Definitivamente un beso es todo lo que pido, para dejar de sentirme seca, dejar de sentirme horrible, para dejar de sentir un constante vacio en la boca del estomago, dejar de recordar besos pasados. Necesito, y suena al borde de la desesperación, que alguien me bese.
Ahí está de nuevo, lo veo llegar con su perro. Lo que más me gusta de él son sus labios. Rojos, muy rojos y gruesos. Lo miro, ahí va con sus audifonos... soy una tonta, debería hablarle, pero no puedo, no me sale.
Vuelvo al trabajo. Lo único bueno que ahora mi hora de colación la dedico a ir al parque, sagradamente, todos los días. En mi casa sus rojos labios aparecen en mi mente, creo que con solo recordar eso duermo más tranquila. Su postura inspira paz y sus audifonos me indican que es tan melómano como yo.
Mi ex viene a molestarme todos los días, de pronto siento que estoy tan desesperada que voy a aceptar volver con él, pero creo que la última cuota de dignidad que me va quedando me lo impide. Me salva mi bendito Wurlitzer. Cada vez que oigo sus peticiones vienen a mi canciones exactas, precisas.
Imaginé en la soledad de mi casa mil maneras de acercarme a él y por supuesto muy interesantes. Pero no, justo tenía que ser de la manera más humillante que se le puede ocurrir a alguien. En la mañana Coso, mi perro, no me dejaba salir de la casa y tuve que regalonearlo mucho para poder irme, y claro, quedé con su olor. Y su perro al sentir el olor a mi perro salió corriendo tras mio y yo arrancando como podía, ya que sinceramente la cara asesina del perro me hizo pensar que sería capaz de matarme. Hasta ahí todo muy bien, hasta que me tropiezo con una piedra y caigo de bruces, y compruebo que su perro solo quería langüetearme. Luego de la vergüenza, él me pidió las respectivas disculpas y nos sentamos a conversar. Me dijo que me veía todos los días por el parque, pero que nunca se había armado del valor para hablarme. No lo podía creer. Quedamos de juntarnos al otro día a la misma hora, en el parque.
En el trabajo no podía olvidar su voz y el olor de su pelo. Me quedé con su pañuelo, que me prestó para secarme la baba de la cara. Y de pronto me dí cuenta que no le había preguntado su nombre.
Otra vez mi ex esperandome. Que pena. Wurlitzer, "Cámara Lenta" era la canción que estabamos escuchando con "él" en el parque, lo recuerdo y me pongo contenta. Mi ex lo nota y me pregunta el por qué de mi felicidad. Le digo que definitivamente no es verlo a él. Se vá y me deja una carta, que me dijo que abriera para el día que se supone cumpliriamos 5 años. Raro.
Ahí está de nuevo, lo veo llegar con su perro. Lo que más me gusta de él son sus labios. Rojos, muy rojos y gruesos. Lo miro, ahí va con sus audifonos... soy una tonta, debería hablarle, pero no puedo, no me sale.
Vuelvo al trabajo. Lo único bueno que ahora mi hora de colación la dedico a ir al parque, sagradamente, todos los días. En mi casa sus rojos labios aparecen en mi mente, creo que con solo recordar eso duermo más tranquila. Su postura inspira paz y sus audifonos me indican que es tan melómano como yo.
Mi ex viene a molestarme todos los días, de pronto siento que estoy tan desesperada que voy a aceptar volver con él, pero creo que la última cuota de dignidad que me va quedando me lo impide. Me salva mi bendito Wurlitzer. Cada vez que oigo sus peticiones vienen a mi canciones exactas, precisas.
Imaginé en la soledad de mi casa mil maneras de acercarme a él y por supuesto muy interesantes. Pero no, justo tenía que ser de la manera más humillante que se le puede ocurrir a alguien. En la mañana Coso, mi perro, no me dejaba salir de la casa y tuve que regalonearlo mucho para poder irme, y claro, quedé con su olor. Y su perro al sentir el olor a mi perro salió corriendo tras mio y yo arrancando como podía, ya que sinceramente la cara asesina del perro me hizo pensar que sería capaz de matarme. Hasta ahí todo muy bien, hasta que me tropiezo con una piedra y caigo de bruces, y compruebo que su perro solo quería langüetearme. Luego de la vergüenza, él me pidió las respectivas disculpas y nos sentamos a conversar. Me dijo que me veía todos los días por el parque, pero que nunca se había armado del valor para hablarme. No lo podía creer. Quedamos de juntarnos al otro día a la misma hora, en el parque.
En el trabajo no podía olvidar su voz y el olor de su pelo. Me quedé con su pañuelo, que me prestó para secarme la baba de la cara. Y de pronto me dí cuenta que no le había preguntado su nombre.
Otra vez mi ex esperandome. Que pena. Wurlitzer, "Cámara Lenta" era la canción que estabamos escuchando con "él" en el parque, lo recuerdo y me pongo contenta. Mi ex lo nota y me pregunta el por qué de mi felicidad. Le digo que definitivamente no es verlo a él. Se vá y me deja una carta, que me dijo que abriera para el día que se supone cumpliriamos 5 años. Raro.
